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domingo, 22 de junio de 2025

Presentación de mi nuevo libro: Jesús de Nazaret. Su historia y su leyenda

Presentar mi nuevo libro me suscita el orgullo y la satisfacción de compartir con amigos, seguidores y lectores una reflexión histórica y filosófica, con todo el rigor de ambas disciplinas, sobre el Jesús que históricamente vivió en la Palestina de los romanos. Un Jesús cien por cien judío sin asomo alguno de renegado ni de fundador de religión ninguna. Pero también analizo el crecimiento paulatino del ensueño teológico con el que los predicadores de los primeros siglos del cristianismo hicieron de Jesús un sujeto inerte al que pudieron atribuirle un universo de atributos teológicos totalmente alejado de la cultura judía.

Santiago Fernández Nistal, Jesús de Nazaret. Su historia y su leyenda. 1 vol. 15.6 x 2.11 x 23.39 cm; 366 páginas; publicado el 23 mayo 2025 en Amazon; ISBN-13: 979-8284319093; tapa blanda 15,70 €. Venta en www.amazon.es.



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Hasta los tiempos de la Ilustración, la realidad histórica, natural o sobrenatural, en el occidente cristiano, fue igualmente realidad cierta y demostrada. Y con esta idea, vivimos tranquilos nuestro dulce sueño desde la fundación del cristianismo hasta que en la sociedad ilustrada del siglo XVIII europeo se dio cancha libre a la crítica racional de la religión y del Dios cristiano. Muy cerca ya del siglo XIX empezaron a pulular los estudios filológicos e históricos sobre los evangelios, que llevaron a la negación de estos como libros históricos. Y desde entonces hasta nuestros días la cantidad y la calidad del acervo histórico sobre su escasa confiabilidad y sobre el Jesús histórico no ha hecho sino aumentar. Pero a pesar del número y la calidad de tales estudios, el nivel de conocimiento que la sociedad cristiana tiene hoy día del Jesús de la historia es casi nulo. ¿Le es indiferente? ¿No dicen que la religión cristiana tiene los pies en la historia, no en mitos? El primer objetivo de este libro es descubrir al Jesús histórico entre las costuras de los relatos evangélicos. 

Los evangelios fueron escritos a partir del año 70 recogiendo y organizando un sinfín de unidades mínimas de la tradición oral de las comunidades cristianas primitivas que se remontaban hasta las proximidades del año 40 como mucho (Jesús murió con unos 34 años en la Pascua del año 30). Eran, ante todo, medios de confesar la fe en Jesús resucitado y muy secundariamente recuerdos históricos. Este reciclado evangélico de unidades de la tradición ya fundidas en la fe del Jesús resucitado tiene consecuencias sobre el valor histórico de los evangelios: ¿valen los evangelios como datos históricamente auténticos de Jesús?, y en su caso, ¿cómo distinguir entre lo auténtico y la ficción? Son dudas legítimas que piden respuesta, dada la historia de composición de los evangelios. 

El segundo objetivo es diferenciar, en la historia del cristianismo, la huella dejada por el Jesús histórico de las leyendas generadas tras su muerte: ¿cuál fue el origen de la fe en Jesús resucitado?, ¿quién fue el fundador del cristianismo, Jesús o las comunidades cristianas? ¿Qué queda del Jesús histórico en el Jesucristo de las iglesias cristianas actuales? Son dudas que, dada la historia de la composición de los evangelios, piden respuesta.

A continuación publico en cuatro entradas sucesivas del blog algunos artículos del libro para muestra:

INDICE,

LA SOSPECHA COMO NORMA, 

UNA SÚPLICA A DIOS Y DOS DESAFÍOS POLÍTICOS y

¡RESUCITÓ!






sábado, 25 de septiembre de 2021

La sublime belleza del canto gregoriano (revisión; 1ª noviembre 2018)


Por Santiago Fernández Nistal

En los años 60 del siglo pasado el gregoriano fue expulsado de las iglesias y catedrales por la progresía del concilio Vaticano II que impuso una liturgia populista. Y se refugió en los conventos y monasterios. Pero desde hace unos diez años ya es frecuente asistir a cultos cristianos en iglesias y catedrales de Alemania, Francia y Estados Unidos que han reivindicado el retorno en fuerza del canto gregoriano. Y con razón. Porque es una joya que merece la más alta consideración de la sociedad.

Lo sublime es una categoría estética muy escasa y alejada del hombre moderno. El hombre medieval vivía inmerso en el sentimiento de lo sublime permanentemente, pero hoy en día es muy difícil saborearlo, dada nuestra concepción del hombre y del mundo. Lo sublime es el anonadamiento de la criatura y la inmensidad del creador. Lo sublime son los inmensos espacios celestiales dominados por la presencia omnipotente de Dios. Lo sublime es la luz celestial divina que desciende en mil colores a las oscuras profundidades de las catedrales para iluminar a los mortales. Lo sublime es el dilema del fiel atrapado entre la condenación eterna y la graciosa salvación de Dios. Lo sublime es ese pecador arrodillado ante el altar del sacrificio y el Dios omnipotente concediendo graciosamente su amor al pecador arrepentido. Por eso los cantos gregorianos gritan Kyrie eleison, Adoro te devote, Te Deum laudamus, O vos qui transites per viam, Veni Sancte Spiritus, Exaudi nos Domine, Miserere mei Deus, Stabat mater, Rorate coeli… en los que el pecador se humilla, suplica y sufre. Pero lo sublime es también el sentimiento de estar transportado a las regiones de luz divina. Por eso los cantos gregorianos exultan de júbilo en Victimae pascali laudes, Gloria in excelsis Deo, Sanctus… reconociendo el poder y la gloria del Dios salvador. Uno puede estar a años luz de la mística original implicada en tales cantos. Uno puede estar a cientos de años luz de esta concepción del hombre que espera recibir de lo alto y gratis un pan de salvación que le impone la humillación de su logos racional. Esta distancia es la que media entre el sentimiento de lo sublime y de todas las demás categorías estéticas que terminan donde termina el horizonte humano. Pero precisamente por eso, porque estoy a miles de años luz de semejante concepción, escuchar estos cánticos que me despiertan los demonios dormidos de mi soberbia, de mi humilde condición humana, de mi insignificancia existencial. Y me gusta. Me gusta infinitamente. Porque es una excelente catarsis para empatizar con la miseria humana. Con toda forma de miseria humana. Hasta la más repugnante.


La construcción del primer cristianismo


Santiago Fernández Nistal, La construcción del primer cristianismo. Categorías mentales y trasferencias. 1 vol. 15,24 x 22,86 cms., 245 págs. Publicado el 29 de agosto de 2021. 17,48 €. Próximamente en versión libro electrónico de Kindle.

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Presentar mi nuevo libro me suscita el orgullo y la satisfacción de compartir con amigos, seguidores y lectores mi reflexión filosófica sobre el modo en que los primeros predicadores del cristianismo pudieron construir, en apenas setenta años, un nuevo sistema de creencias tan alejado de las categorías de la biblia hebrea.

Este primer cristianismo fue heredero de Pablo de Tarso, no de los seguidores palestino-judíos de Jesús de Nazaret, y su predicación se realizó siempre fuera de Palestina en pueblos de cultura griega.

El primer relato cristiano no fue ciertamente el sistema final que se cerró en los grandes concilios cristológicos de los siglos IV al VI de la e.c., pero fue el núcleo duro de un nuevo credo religioso. Tan nuevo que las sinagogas del siglo I e.c. expulsaron de su seno a estos judíos seguidores de Jesús de Nazaret. Cosa inaudita en la historia del judaísmo, en el que convivían sectas tan dispares como saduceos, qumranitas y fariseos… y no digamos la distorsión de la doctrina tradicional que confesaban los judíos alejandrinos seguidores de Filón de Alejandría. El judaísmo de la época era una casa muy grande en la que cabían todos los judíos. Pero algo extraordinario debieron de ver los jefes de las sinagogas que hacía incompatible su judaísmo con la predicación de estos judíos helenizados seguidores de Jesús.

La obra que hoy presento se compone de cinco capítulos. Los cuatro primeros repasan las categorías mentales que definían las dos culturas de las que depende el credo cristianismo, la cultura judía y la cultura griega. Porque judíos fueron todos los primeros predicadores, salvo, tal vez y con muchas dudas, el evangelista Lucas. Pero el judaísmo no era un credo unívoco en la época. Por eso le dedico tres capítulos a su estudio. En primer lugar, el judaísmo tradicional, presente en la biblia hebrea, fundador del monoteísmo, de la noción de pecado y de la cólera divina contra los pecadores. Luego, el judaísmo de la época en la que Grecia primero (siglo IV a.e.c.) y Roma posteriormente (siglo I a.e.c.) fueron los dueños y gobernantes de Israel. Se trata del judaísmo vigente todavía en la época de Jesús de Nazaret, un judaísmo muy helenizado en sus principales creencias como la del alma inmortal a la que le esperaba un destino de gozo o castigo en el más allá. Y en tercer lugar el judaísmo de vocación universalista de los judíos alejandrinos, liderado por Filón de Alejandría en el siglo I a.e.c., basado en una traducción del sistema hebreo de categPresentar mi nuevo libro me suscita el orgullo y la satisfacción de compartir con amigos, seguidores y lectores mi reflexión filosófica sobre el modo en que los primeros predicadores del cristianismo pudieron construir, en apenas setenta años, un nuevo sistema de creencias tan alejado de las categorías de la biblia hebrea.Presentar mi nuevo libro me suscita el orgullo y la satisfacción de compartir con amigos, seguidores y lectores mi reflexión filosófica sobre el modo en que los primeros predicadores del cristianismo pudieron construir, en apenas setenta años, un nuevo sistema de creencias tan alejado de las categorías de la biblia hebrea.orías mentales dentro del sistema platónico y estoico de categorías filosóficas. El capítulo cuarto está dedicado a las categorías mentales griegas y romanas que influyeron en la construcción del cristianismo más de lo que suele creerse, tales como la relevancia de la filiación adoptiva, la divinización de reyes y emperadores, la importancia de los cultos de misterios con sus ritos y su introducción de la creencia en un alma inmortal y la audiencia popular de los milagros.

La obra concluye con un capítulo de reflexión y comparación. En él me pregunto por el posible origen de algunas creencias cristianas, como el valor redentor de la muerte de Jesús, imposible de ser considerada un sacrificio, o la figuración que realizan Pablo y los evangelistas de un Jesús resucitado sin precedentes en la biblia hebrea. Lo mismo hago con los ritos cristianos del bautismo y la “cena del Señor”, con la creencia en un alma inmortal, con la filiación divina de Jesús ...

Ofrezco a continuación el índice del libro y algunas páginas escogidas al azar.


Índice

Presentación

1.- Categorías mentales de la biblia hebrea
1.1.- Monoteísmo    
1.2.- Pecado, sacrificio y perdón    
1.2.1.- El sacrificio de Isaac como arquetipo            
1.2.2.- Pecado y sacrificio antes del exilio babilónico
1.2.3.- El sacrificio de la Nueva Alianza
1.2.4.- Cantos del Siervo de Yahvé
1.3.- Dios contra Faraón o el sentido providencialista de la historia
1.4.- La promesa, la alianza y el mesías
1.5.- Antropología y moral

2.- Categorías de la literatura intertestamentaria
2.1. Políticas helenísticas en Palestina
2.2.- ¿Qué se entiende por literatura intertestamentaria?
2.3.- Los vivientes del seol y el alma individual
2.4.- La resurrección de los que duermen en el polvo
2.5.- Mesías escatológicos
2.5.1.- El hijo de hombre de Daniel 7
2.5.2.- Figuras mesiánicas en Qumrán
2.5.3.- El mesianismo en el Libro de Henoc
2.6.- Demonios y ángeles a la conquista del individuo
2.7.- La sacramentalización en Qumrán
2.8.- Un período de grandes cambios

3.- El judaísmo alejandrino
3.1.- Biblia Septuaginta
3.2.- Filón de Alejandría
3.2.1.- Figuras bíblicas como antecedentes del Logos de Filón
3.2.2.- Dios
3.2.3.- El Logos
3.2.4.- Antropología y escatología

4.- Categorías de la cultura grecorromana
4.1.- Humanos como dioses
4.2.- Entre el héroe homérico y el sabio estoico
4.3.- Muerte vicaria
4.4.- Cultos de misterios
4.4.1.- Cuestiones previas
4.4.2.- Dionisismo
4.4.3.- Orfismo
4.4.4.- Eleusis
4.4.5.- Platón versus misterios
4.5.- La historia y el “discurso verdadero”
4.6.- Charlatanes y milagreros ambulantes

5.- Trasferencias en el primer cristianismo
5. 1.- Jesucristo y el monoteísmo
5. 2.- La muerte de Jesús de Nazaret como salvífica
5. 3.- La teología del bautismo y “cena del Señor”
5. 4.- ¿De dónde proceden las figuraciones de Jesús resucitado?
5. 5.- ¿Cuál es la matriz cultural de la idea cristiana del alma?
5. 6.- El pecado, el yo interior y la moralidad
5. 7.- Satanás y la satanización de los enemigos
5. 8.- Excepcionalidad de la “historia” de Jesús de Nazaret

Bibliografía citada
Sobre el autor


Algunas páginas al azar:

Página 12
… hebrea las raíces de la totalidad de los temas del NT porque nos escandalizamos de que la revelación cristiana esté compuesta de retales paganos nunca podremos entender el cristianismo primitivo so pena de enredarnos en explicaciones ridículas y rocambolescas. Fue a partir de las conquistas de Alejandro Magno y la asignación de Palestina al reino helenístico de los Lágidas de Egipto primero y luego arrebatada por los Seléucidas de Siria cuando las ideas tradicionales de muchos judíos palestinos sufrieron una auténtica revolución. Por sí solo, el Libro de Henoc puede servir para dar una idea bastante ajustada de la poderosa helenización de Palestina. Redactado durante los tres siglos anteriores a la era común, revolucionó las creencias escatológicas y antropológicas con la idea de un alma inmortal inspirada en las creencias órficas como mascarón de proa. Revolución que convulsionó también, a modo de réplica, las ideas mesiánicas y de organización política y religiosa. Lo esencial de las ideas de este judaísmo helenístico lo heredará el cristianismo. Pero no todo el judaísmo palestinense siguió la senda helenística del Libro de Henoc. La antropología de la carne de la biblia hebrea la encontramos reivindicada con los tintes de la más cruda realidad de la muerte como único final posible en Qohelet. También Daniel …

Páginas 24-25
… la primera, sino la más importante. Contiene los libros que nosotros conocemos como Pentateuco. Son cinco libros que narran la “historia” de los triunfos del pueblo judío concedidos por Yahvé, su Dios, y los duros castigos que este infringió a sus enemigos. Son libros escritos para infundir el temor de Dios en el corazón de todo judío como medio de presión para el cumplimiento de la Ley. Libros densos en preceptos legales, que enuncian tanto los grandes temas sociales y fiscales como los detalles más minuciosos de las actividades cotidianas: leyes sobre el culto, los sacrificios, la idolatría, la comida, el matrimonio, el adulterio, el divorcio, lo puro y lo impuro, los diezmos, el trato de los esclavos, las fiestas, el ejercicio de justicia, los mojones de las propiedades, el préstamo con interés... Listas interminables de preceptos y sus castigos correspondientes. La Ley, siempre la Ley. Una ley revelada por su Dios, omnipresente, obsesiva, asfixiante, sin tregua para las divergencias individuales. Las pulsiones instintivas de los individuos estaban cercenadas de raíz. Es cierto que todos los pueblos han sometido los impulsos e instintos individualistas en virtud de las necesidades sociales. Pero las grandes culturas vecinas a la judía poseían ámbitos marginales, protegidos incluso por divinidades, a los que la presión sociopolítica no llegaba. Eran ámbitos de libertad y de placer individual. Pero la legislación judía no cedía ámbito alguno al capricho individual. Todo placer individual estaba prohibido. Todas las energías estaban sometidas al servicio de las necesidades públicas y a la urgencia por subsistir frente a enemigos poderosos. El tamaño de Yahvé terminó siendo el adecuado a este imperativo sociopolítico. Yahvé era el más grande, el más poderoso y habitaba en lo más alto de los cielos. Con su aliento destruía los ejércitos enemigos, aniquilaba todos los dioses y derribaba las murallas. Su poder era tal que con su sola palabra el caos se había ordenado en el principio y él existía desde antes que el mundo fuera. Era, además, un Dios omnisciente. No había escondite posible ante su mirada. Este tipo de Dios que escrutaba la interioridad del corazón fue la creación de los profetas nacionalistas del exilio babilónico (586-537 a.e.c.) para evitar la dilución cultural y étnica del grupo judío en Babilonia. ¡Hasta en la intimidad de la conciencia obligaba su Ley! Y el objetivo, siempre el mismo: utilizar todas las energías físicas y psíquicas de cada judío al servicio de los intereses sociales y políticos. La autoridad del Dios de Israel era absoluta, autoridad en lo público, en lo privado y en lo íntimo. Interioridad, sí, pero expuesta a la mirada de Dios y sancionada públicamente. Tal es la creación de los profetas. Una mirada que resultó ser más eficaz que todos los grandes ejércitos de la Antigüedad. La larga evolución del pueblo judío desde el henoteísmo primitivo hasta el riguroso monoteísmo universal de los profetas muestra cómo la verdadera función simbólica de este no era otra que colocar una barrera antidilución infranqueable entre la pequeña, insignificante y amenazada etnia judía y sus muchos y poderosos enemigos. Una barrera que es la afirmación rotunda de la voluntad incontestable de la etnia judía de construir sobre sus débiles cimientos demográficos un pueblo …

Páginas 213-214
… Pablo de los primeros discípulos de Jesús y en cuales innova? Para los judeocristianos de Jerusalén, discípulos históricos de Jesús que tenían información de primera mano, este había sido el rey Mesías del inminente fin del mundo que esperaban para expulsar a los romanos del territorio de Israel. Jesús había sido crucificado por decirse rey Mesías y había sido sepultado, pero había resucitado y volvería muy pronto. No expulsaría a los romanos por la fuerza de las armas, sino gracias a la omnipotencia de Dios mostrada en su Mesías y restauraría el reino de Dios, es decir, el reino de Israel. Esperanza política coherente con la promesa abrahánica y con la alianza como garantías para el estado de su triunfo político sobre las demás naciones. Pero en la literatura intertestamentaria y con la posibilidad de una vida en el más allá, los judíos pecadores no participarían del triunfo escatológico de color político. O sea, que los judíos justos - vivos unos y esperando la resurrección otros- eran los únicos humanos que tenían garantizado el triunfo. De estos judeocristianos de Jerusalén heredó Pablo la muerte y la resurrección de Jesucristo, las apariciones del resucitado y la inminencia de su regreso como rey Mesías para instaurar el triunfo político de Israel sobre las naciones en el fin del mundo. También es casi seguro que heredó el bautismo de Jesús por Juan Bautista (como rito de arrepentimiento y sin la teofanía), pieza evangélica que todos los especialistas del Jesús histórico dan por auténtica. Pero no pudo heredar ni su teología de la reconciliación de los gentiles con Dios mediante la muerte voluntaria de Jesus en la cruz ni su teología del bautismo ni su teología de la cena del Señor, lógicamente ignoradas en el credo judeocristiano por ser innecesarias para su esperanza escatológica y que tampoco obedecían a categorías tradicionales reconocibles para un judío. En tales condiciones no cabe esperar que la salvación ofrecida a los gentiles en la persona de Jesucristo hubiera sido propuesta por Pablo basándose exclusivamente en tradiciones...