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sábado, 25 de septiembre de 2021

Arquitectura, estética y arte. La Universidad cisneriana de Alcalá de Henares (revisión; 1ª septiembre 2017)

 

Por Santiago Fernández Nistal

Pienso que la arquitectura no es solo estética, sino arte. Por lo menos en sus grandes manifestaciones. Con ello quiero decir que la arquitectura no debe ser contemplada simplemente como un conjunto de formas bellas y armoniosas que nos atraen emocionalmente, sino simultáneamente como una expresión simbólica de intencionalidad comunicativa. 

¡Cuántas veces me he parado en los miradores de Pajares tanto en días bruma y orvallo como en días soleados! Pero, ¿podemos considerar bello un paisaje natural? Tal vez. Esta es al menos la opinión mayoritaria. ¿Es, sin embargo, posible tomar un objeto natural por bello –tal y como comúnmente se entiende la belleza- sin que ello comporte alguna forma de comunicación, es decir, alguna forma de arte? Lo que en ese objeto pueda haber de arte es lo que como espectador estoy añadiéndole yo. Lo estoy recreando como el artista cuando pinta un paisaje. Le estoy suponiendo una intención comunicativa de la que carece. Porque nosotros siempre vemos algo de nosotros mismos -al menos a mí me pasa- en los paisajes por los que nos sentimos atraídos. Como le sucedía a Van Gogh. Por ello sus paisajes poderosos, violentos, agresivos, en los que la figura humana queda anonadada. Sin embargo, lo más sutil de calificar es la naturaleza de objetos bellos creados por el hombre con un simple fin decorativo como, por ejemplo, la mayor parte de los jardines públicos. Es difícil no reconocer, al menos, la intencionalidad de producir placer estético por parte de su creador. Lo mismo le pasa al arte abstracto. Es este un segmento que cabe dentro de lo que se denomina artes decorativas, que son un intermedio entre la simple estética y el arte, pero que nada tienen que ver con jardines como los de Versalles o los de la Granja de San Ildefonso, creados con la intencionalidad de sumergir a la corte real en el idílico mundo de una Arcadia feliz.

Y ahora vengamos al mundo del arte en sentido pleno. La arquitectura, por ejemplo, cuando se eleva a la condición de arte, no muestra su objeto simplemente como bello, sino cargado con una intencionalidad comunicativa. Valga como ejemplo la fachada de la Universidad cisneriana de Alcalá de Henares (o Colegio Mayor de San Ildefonso). Es un ejemplo de estética que nos cautiva. Una de las más bellas construcciones del Renacimiento. ¿Pero es solo esto? ¿Pura belleza? Cuando los turistas se pasean por delante de la fachada, unos admiran los detalles que un erudito guía les va señalando, mientras que otros prefieren dejarse atraer por la armonía del conjunto haciendo oídos sordos ante tanta verborrea. Bien está el saber enciclopédico para leer los detalles de la fachada. Bien está sentirse atraído por su armonía. Pero si no sabemos leer el conjunto nos perderemos su dimensión artística, lo que el autor quiso plasmar en piedra.

Mi método de interpretación de la fachada de la Universidad de Alcalá de Henares podría aplicarse a cualquier creación artística: una novela, una película, una ópera o un poema lírico. Seré breve y me centraré en la calle central de su fachada -construida durante el reinado de Carlos V bajo la dirección de Rodrigo Gil de Hontañón-, que es el hilo conductor de toda la armonía del conjunto.

En lo más alto de la calle observamos a Dios creador, de quien proceden todas las cosas y de quien derivan todos los poderes. Como creador sostiene el mundo en su mano izquierda y bendice y otorga con su mano derecha los bienes a sus subordinados. La armonía de toda la fachada es un reflejo del orden y la belleza de la creación divina. Bajo Él, la calle central muestra una de sus creaciones: la jerarquía divina del poder.

Efectivamente, bajo Dios creador, en la segunda planta, los escudos de armas de Carlos V como rey y como emperador. Esta posición en la pirámide del poder nos indica que el emperador es el jefe supremo en la tierra. Y el enorme tamaño escultórico de este paño es un símbolo del tamaño del poder del emperador.

En la primera planta, bajo el emperador y en un discreto medallón sobre el balcón de la biblioteca, el obispo patrón de Toledo (de donde dependía Alcalá), San Ildefonso, como patrón del Colegio Mayor, muestra el báculo de su autoridad en una mano y el libro del saber en la otra. Este, muy valorado en el Renacimiento como hoy lo puede ser la tecnología, seguía mayoritariamente en manos del clero. A ambos lados del obispo, dos escudos del cardenal Cisneros. El dintel de este balcón se apoya sobre dos columnas que lo flanquean y el conjunto está custodiado por dos alabarderos imperiales. Esta posición de la Iglesia bajo el escudo de Carlos V, la protección de sus alabarderos y el diminuto tamaño del medallón de San Ildefonso y de los escudos del cardenal nos hablan del sometimiento del clero y del saber al emperador y de la poca cosa que en términos de poder se le otorga a la Iglesia. Nada en comparación con el enorme tamaño de los escudos del piso superior.

Y en la base de todos ellos, a ras de suelo, la puerta del pueblo, de estudiantes y profesores, que al pasar se humillan bajo el clero, el emperador y Dios y los reconocen investidos de un poder y una sabiduría cuya fuente es Dios mismo.

Esta fachada es una obra de arte en piedra que traduce a nuestros sentidos la ideología del poder de Carlos V como una creación divina. La armonía de formas de la fachada y el orden “maravilloso” de los poderes divinos y terrenales se conjugan con una única intencionalidad comunicativa. Ni que decir tiene que esta ideología era antitética de la ideología de la Iglesia de la época, pues esta se consideraba la primera en recibir el poder de Dios y afirmaba solemnemente que bajo ella estaban reyes y emperadores. La fachada del Colegio era pues a la vez una confesión de fe católica por parte del emperador, pero también una declaración muy agresiva contra las pretensiones teocráticas y medievales del papa y los obispos, y una declaración ideológica de Carlos V de su concepción cesaropapista del poder.

Tal vez esta breve explicación pueda servir de ejemplo para vuestras visitas de edificios históricos. Me sentiría generosamente pagado si os ha sido útil.


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